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Cerro San Cristóbal: la ruta de las siete curvas y decenas de trampas mortales

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1.8 kilómetros llenos de peligro. El ancho de la vía es irregular y no se ajusta a la normativa vigente. No cuenta con señalización, guardavías, ni vigilancia. El domingo pasado un bus se desbarrancó y murieron diez personas.

 

Ahora le dicen la “ruta de la muerte” y no es exagerado. La sensación de peligro no es gratuita, el riesgo es real. El camino para descender desde la cima del cerro San Cristóbal está plagado de amenazas de distinta clase, pero con una característica común: la mayoría puede mitigarse pero nadie lo hace.

A lo largo de los 1.8 kilómetros de “bajada” existen al menos siete curvas muy marcadas, cuyo diseño es deficiente, según comprobó La República. Errores de conducción, desperfectos técnicos, irresponsabilidad, mal estado de la vía o una circunstancia fortuita. Cualquiera sea la causa, un accidente en esta vía encierra una alta probabilidad de que las víctimas sean numerosas.

Y es que el cerro San Cristóbal, que recibía a diario a decenas de visitantes, reúne todas esas condiciones para ser una "ruta de la muerte".

La caída de un bus turístico el domingo último, que provocó la muerte de 10 personas y dejó heridas a otras 43, puso en evidencia aquello que se comentaba en silencio desde hacía varios años.

Para Luis Quispe Candia, presidente de la ONG Luz Ámbar, la conclusión es clara: dicho camino no es seguro para vehículos mayores, peatones ni ciclistas. Nunca lo fue.

Origen y problemas

En la ruta de ascenso del cerro San Cristóbal se pueden encontrar 14 cruces, que representan cada una de las paradas de la peregrinación que se realiza en Semana Santa. Durante la década de 1990, ese antiguo acceso fue “mejorado”, pero pensando solo en la circulación de vehículos livianos, recuerda Quispe Candia.

Es por ello que, de acuerdo con el diagnóstico del experto, las curvas mencionadas no tienen el radio requerido para permitir el giro de los vehículos más largos, como los buses descapotados con miradores panorámicos.

Un vehículo ligero, como un automóvil o una camioneta, podría girar sin problemas, pero solo mientras no haya otra unidad en el carril de sentido contrario. Esta situación se genera porque el ancho de la vía no es constante y no se ajusta a la normativa vigente.

Por ejemplo, cerca de la cruz número 12, casi en lo más alto del cerro, el carril de ascenso tiene 2 metros de ancho en promedio; mientras que el sentido inverso varía entre 2 y 2.5 metros. Cada carril, añade el experto, debería tener un mínimo de 3 metros.

Un bus turístico mide alrededor de 3.20 metros de ancho, es decir, que al circular por esta vía ocupa más de un carril. Por eso, cuando dos unidades se cruzan, una de ellas debe “pegarse” lo más que pueda a la ladera para permitir el paso de la otra.

En ese mismo trayecto, al lado del barranco, se construyó una vereda de 60 centímetros de ancho, espacio que resulta muy limitado. Y la única barrera que separa al peatón del abismo es una endeble baranda de madera, cuyas intersecciones están unidas con sogas viejas.

Además de la protección para transeúntes, dice Quispe Candia, debería instalarse un guardavía retráctil, estructura que podría evitar la potencial caída de los vehículos.

Tras recorrer a pie todo ese camino, este diario comprobó, con la ayuda de un drone, que tampoco se ha colocado ninguna señal que fije el límite de velocidad permitido. Solo existen algunos carteles con mensajes preventivos como “despacio” y “camino sinuoso”, pero no están en todas las curvas o en los tramos donde corresponde.

Dichas señales son necesarias dada la pendiente del camino, que incrementa la velocidad y el peligro al descender.

La situación es todavía más alarmante en el tramo final del descenso, cuando la vía se vuelve de un solo sentido. En este trecho, que tiene una extensión aproximada de 350 metros, fue donde se produjo la tragedia del domingo.

El tramo de salida

Al ingresar en esta parte del camino, dos características son las más notorias: la pendiente, que es mucho más pronunciada; y el tipo de superficie ondeada, que le otorga a la pista desgastada una forma de estrecho “tobogán”.

Ambas particularidades contribuyen a que se incremente la velocidad de descenso del vehículo y que sea más difícil controlarlo. En otras palabras, el nivel de riesgo y la probabilidad de ocurrencia de accidentes son mayores.

De hecho, el último accidente registrado en el cerro San Cristóbal, ocurrido en 2009, se produjo en este mismo tramo. En aquella ocasión murió una mujer.

También se ha advertido que en lugar de un guardavía se ha construido un muro de concreto, material que no es adecuado para amortiguar o detener el impacto de un vehículo accidentado.

Después de la tragedia, ni la Municipalidad de Lima ni la del Rímac han asumido alguna culpa por el estado del camino, aunque los expertos han opinado que la responsabilidad es compartida.

Lo más preocupante, sin embargo, es que ninguna autoridad se ha comprometido a solucionar el problema.

Chofer de Green Bus pide perdón a las víctimas

Tras salir del estado de inconsciencia, el conductor del vehículo accidentado el domingo, que pertenece a la empresa Green Bus, dijo estar "arrepentido" y pidió disculpas a las familias de los fallecidos y de los heridos.

“Yo no quise hacerlo, yo también tengo mis hijos. Iba manejando a velocidad prudente por el serpentín de la última curva”, declaró Goytzon Bravo desde la clínica donde está internado. El chofer relató, según su versión no confirmada, que en el camino se cruzó un niño, situación que lo obligó a realizar una maniobra y perdió el control de la unidad. Goytzon denunció, además, que no tiene contrato formal con la mencionada compañía de transporte.

El Ministerio Público ha informado que el conductor ha sido acusado de homicidio culposo y lesiones en agravio de 53 personas. Además, el Poder Judicial ha dictado nueve meses de prisión preventiva en su contra. Green Bus es investigada como tercero civil responsable. Aún no se han determinado las causas del accidente.

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Fuente: La República.

 

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